Contra la tentación populista
Uno está acostumbrado a escuchar a los que se quejan de la creciente apatía de los votantes o de la cada vez más baja participación popular en política; los liberales, alarmados, hablan constantemente de la necesidad de que las personas se movilicen en iniciativas surgidas de la sociedad civil, de que se involucren más en el proceso político. Sin embargo, cuando la gente se despierta de su modorra apolítica, lo hace invariablemente bajo la forma de una revuelta populista de derecha, y acaba no siendo raro que muchos tecnócratas liberales ilustrados se pregunten si aquella "apatía" no era, en el fondo, una bendición.Para un populista la causa de los problemas nunca es el sistema como tal, sino el intruso que lo corrompe (son los especuladores financieros, por ejemplo, y no necesariamente los capitalistas); no se trata, en definitiva, de un vicio fatalmente inscripto en la estructura, sino de un elemento que no desempeña correctamente su rol dentro de ella. Por el contrario, para un marxista (como para un freudiano), lo patológico (el comportamiento desviado de ciertos elementos) es síntoma de lo normal, un indicador de lo que está mal en la estructura misma en la que se integran como amenaza esos arrebatos "patológicos".
El No de los franceses y los holandeses al proyecto
de una Constitución Europea fue un rotundo
ejemplo de lo que en la “teoría francesa” se designa
como un significante flotante: un no lleno de sentidos
confusos, inconsistentes, sobredeterminados, una suerte de
contenedor donde conviven la defensa de los derechos laborales
y el racismo, las reacciones ciegas a lo que se percibe
como una temible amenaza y las esperanzas utópicas más o
menos vagas. Se nos dijo que el No era en realidad un no a
muchas cosas: al neoliberalismo anglosajón, al gobierno de
Chirac en Francia, al flujo inmigratorio de los obreros polacos
que hacía que cayesen los salarios de los obreros franceses,
y más. La verdadera lucha está en pie hoy: una lucha por
el significado de este no. Porque, ¿quién va a apropiárselo?,
¿quién —si es que alguien lo hace– va a traducirlo en una
coherente visión política alternativa?
Slavoj Žižek nació en Ljubljana, Eslovenia, el 21 de marzo de 1949. Estudió filosofía en la Universidad de Ljubljana y psicoanálisis en la Universidad de París VIII Vincennes-Saint-Denis, donde se doctoró. En la actualidad es Director Internacional del Instituto Birkbeck para las Humanidades, en la Universidad de Londres. El hallazgo de Slavoj Žižek como pensador es indudablemente usar ejemplos extraídos de la cultura popular para explicar reflexiones en las que se vinculan la teoría psicoanalítica lacaniana con el marxismo. Hitchcock, Kafka, Shakespeare, e inclusive la física cuántica, funcionan por igual para describir muchas veces fenómenos muy intrincados. Actualmente, Slavoj Žižek tiene más de 30 libros publicados, entre ellos El sublime objeto de la ideología (1992), Las metástasis del goce (2003), El títere y el enano (2005) y Cómo leer a Lacan (2008). En Ediciones Godot, publicó El resto indivisible, en 2013, La permanencia en lo negativo, en 2016 y Contra la tentación populista, en 2019.
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- Artikel-Nr.: SW9789874086648458270
- Artikelnummer SW9789874086648458270
-
Autor
Slavoj Zizek
- Verlag Ediciones Godot
- Veröffentlichung 05.10.2022
- Barrierefreiheit
- ISBN 9789874086648
- Verlag Ediciones Godot